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Épístola de despedida

Epístola IV



Managua, enero 4, 2008.


Estimado señor X:

¿A qué le teme señor? A hacerme sufrir, pues no se preocupe, porque ya lo está haciendo. Ya estoy sufriendo, con el simple hecho de menospreciar mis sentimientos.

¿Acaso no se da cuenta que en mi loca fantasía usted es el dueño de mi corazón? ¿Qué se ha robado mi imaginación? Por Dios señor, salga ya de mis pensamientos. No me siga torturando. Ya no quiero seguir sintiendo este amargo sabor del desprecio.

Sé, que si leyera esto diría que estoy loca. Y es cierto. Estoy loca al haberme creado falsas ilusiones y haber confundido la ternura que irradia, no más por amistad y que yo confundí con amor.

Juré que no volvería a escribirle, pero es que no soporto esta angustia que me está matando, ¿Por qué me dijo que vendría? ¿Por qué me dejó esperándole? ¿Por qué ¿ Por qué?

Adiós señor, me quedo aquí sumida en mi tristeza, pero ahora sí hasta aquí no más, porque si sigo pensando en usted me volveré loca y lo peor, lo peor de todo, es que usted ni cuenta se daría de que fue por usted.

Hasta nunca.

Su amor secreto.
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Epístola de Resignación

Managua, octubre 27, 2007.
Señor X:

Querido señor:

Quiero decirle que ya no soporto taladrar mi pensamiento con su recuerdo oscuro e incierto.
Que su imagen es para mí una sombra indescifrable. Ya no quiero pensar en usted. No debo permitir que una fruta prohibida haga agua mis sentimientos, ni que el deseo y la pasión que se está despertando siga inquietando mi existencia.

Escúcheme señor. No nací para usted, ni usted nació para mí. Ambos pertenecemos a mundos diferentes, distantes el uno y del otro. Tan distante que ni siquiera puedo permitirme mirarlo a los ojos, ni sentir su respiración cerca de mi cuerpo.

No sé exactamente que es esta conmoción, pero la verdad es que ya no puedo darme el lujo de engendrar en mí, ímpetu alguno. Ya no me mire, ni me pulverice con sus palabras, aunque nunca haya dicho que me ama, pero de sus labios emana ese néctar que insita al pecado. No me haga padecer más. Estoy harta de caer en tentaciones que al fin y al cabo no hacen más que lastimarme. Ya he brindado mi corazón varias veces y solamente me ha quedado el sabor amargo del fracaso.

Admítame amarle en silencio, desearle en la penumbra y calidez de mi almohada, recordarle con esa su mirada traicionera y excitante. Déjeme señor, se lo ruego, ya no siga, forjando esperanzas en esta mi alma triste y abatida, en esta existencia efímera, que aunque quisiera disfrutar a su lado, sé que es cometido inverosímil.

Resígneme quedarme con la duda, si ese estremecimiento es reciprocó. Mientras tanto yo, rogaré al señor, me ayude a olvidarlo.



Con amor,


Señora interrogación.
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Epístola de Frustración

Epístola III


Managua, enero 2, 2008.

Queridísimo señor X:

Una euforia ha invadido mi ser. Mi corazón palpita sin control alguno, y al parecer desbordará los muros de contención, que han ocasionado sentimientos truncados, en mí.

Hoy, he logrado un poco de su atención. Siento que las puertas de su corazón están por abrirse para que yo pueda traspasar el umbral de su tierno amor.

Me siento niña, adolescente, enamorada, otra vez, después de haber puesto un sello a mis emociones y sensaciones; pero creo que ya es suficiente de haber experimentado lo que ahora estoy sintiendo. ¡Basta ya! Sentimiento bello y divino. ¡Basta ya! de crear ilusiones, creo que ya es suficiente de expectativas. No quiero salir herida. No sé si podría soportar nuevamente un dolor causado por un falso amor. Si mi corazón está feliz así, mejor que continúe y pare antes de que salpique mis entrañas de viva sangre enamorada.

Hoy es el momento de decir ¡alto! A este padecer, que aunque cause placer se combina con sufrimiento. Así que hasta nunca epístolas. Gracias por haberme servido de confidentes en mis noches solitarias y tremolas.

Gracias señor X, por haber sido fuente de inspiración mía. Gracias por darte el desentendido en todo este marullo de pasiones fantasiosas.

Seguramente notará mis incoherencias, pero así estoy toda, totalmente incoherente.


Atentamente,

Señora Frustración.
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Epístola !Qué bonita sensación!

Managua, octubre 3l, 2007.
Hola Señor X:

Si estás leyendo mi carta, te estarás preguntando si serás tú el señor X, pero, ¿Cuántos han leído esta carta? ¿Acaso cada uno se creerá el señor X? Pero, déjame decirte, que sí eres tú. Sí, tú el que ahora está frente a este pálido papel, y también es el que lo leyó ayer y quien lo leerá mañana y el que aún no lo ha leído.

Señor, usted me está haciendo perder la razón, porque tan solo imaginármelo hace que lata mi corazón. ¡Que bonita sensación! Está combinada de amor y dolor. Y si es así el amor, ha de ser maravilloso, porque es un profundo dolor que carcome mis entrañas, altera mis sentidos,
y nubla mi visión.

Quiero decirte que estoy confundida y me siento perdida en esta maraña de pensamientos y sentimientos, alegrías y tristezas, nostalgias y melancolías. En fin, en este rompecabezas de ideas y estremecimientos.

Quiero que sepas que cada noche es interminable, esperando el día en que volveré a verte, a sentirte, a escucharte y ………el resto, no sé que sigue, porque ya no sé que esperar de ti. Si tan solo te volvieras materia, si tan solo dejaras de ser una idea fugaz, si tan solo pudiera sentir tu cálida respiración, aunque despierte en mí esa terrible sensación de saber que hoy estarás conmigo y que mañana, que mañana, quizás, en brazos de otra te estremezcas y yo aquí muriéndome de frió, al no sentir tu calor y esperando por ese incontenible amor.

Señor X. ¿Te gustaría abrazarme? ¿Te gustaría sentir la calidez de mi cuerpo y compartir con migo mis locos ideales? ¿Te gustaría tomarme de la mano y galopemos juntos sobre el suave lomo de Pegaso? ¿Quieres sentarte conmigo sobre una estrella y poder apreciar la confusión de las almas del paraíso? ¿Quisieras desprender con migo los pétalos de una rosa, tú diciendo: Me quiere, y yo, no me quiere, y que al final el último serás tú, respondiéndome, Me quiere?

¡Ay Señor! ¡Cuánta blasfemia con la poesía! ¡Cuánta barbarie con la ortografía! ¡Que desastre mi coherencia! Ya se me olvidó la gramática. Así que mejor seguiré mañana con este bochornoso evento.
Atentamente,
Señora Confusiòn
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El dolor, el sufrimiento, el amor y el placer,
son portadoras de las más fuertes impiraciones del alma-
Todo es poesía.
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yo, poesía somos todos.

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