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FALTA DE VALORACIÓN HACIA LOS ARTISTAS EN “LOS CUENTOS SOCIALES” DE RUBÉN DARÍO.




ENSAYO

TEMA GENERAL : CRÍTICA SOCIAL EN LOS CUENTOS DE RUBÉN DARÍO

TEMA DELIMITADO  : FALTA DE VALORACIÓN HACIA LOS ARTISTAS EN “LOS CUENTOS SOCIALES” DE RUBÉN DARÍO.




TESIS

HISTÓRICAMENTE EL ARTISTA HA SIDO DISCRIMINADO Y POCO VALORADO POR LA SOCIEDAD, PLANTEAMIENTO REFLEJADO POR RUBÉN DARÍO EN SUS CUENTOS SOCIALES.

Elaborado por: Mayra García Aguirre

Managua, julio 18, 2012.

“Faltos del alimento que dan las grandes cosas, 
¿Qué haremos los poetas sino buscar tus lagos? 
A falta de laureles son muy dulces las rosas, 
y a falta de victorias busquemos los halagos”.

Darío, Rubén, Los Cisnes,
“A Juan Ramón Jiménez”

Para comenzar mi trabajo, he sentido la imperante necesidad de citar versos en los cuales Rubén Darío, deja plasmado ese sentimiento antagónico de frustración y antagonismo. En estos insta a su admirado amigo Juan Ramón Jiménez, a no dejarse vencer, ni esperar que sean los demás quienes reconozcan su valía artística, sino que sea él mismo quien se proporcione el placer de disfrutar su éxito.

Basándome en lo expresado anteriormente cabe recalcar que históricamente la desigualdad social ha sido un elemento coadyuvante para remarcar la discriminación, aunque por lo general suele sucederle a los humildes, a los desposeídos, pero en este caso mi interés fundamental, es estudiar la actitud de Darío, como parte del conglomerados de marginados, como hombre y como poeta y la forma como manifiesta su insatisfacción personal por la falta de valoración a la que han estado sometido los artistas.

Así lo expresa en su poema “Ay, triste del que un día….”

“Ay, triste del que un día en su esfinge interior
pone los ojos e interroga. Está perdido.
Ay del que pide eurekas al placer o al dolor.

Dos dioses hay, y son: Ignorancia y Olvido”.

En estos versos está claramente convencido que no existe reconocimiento cuando se está caído y que no prevalece la actitud de empuje o el de “dame tu mano, te voy a levantar”, por otro lado, es importante notar el uso de mayúsculas en los dos dioses a los que hace alusión: Ignorancia, porque solamente quienes desconocen la belleza que encierra el arte se atreven a menospreciarle y Olvido, porque este ha sido el común hacia los artistas, debido a que raras veces se les reconoce su labor mientras están vivos, pues es hasta que ya han desaparecido del plano terrenal que les dan premio nobel, irguen estatuas o les nombran ciudadanos honorables y otros, mueren en el anonimato.

En su poema “De Otoño”, expresa:

“Yo, pobre árbol, produje, al amor de la brisa,
cuando empecé a crecer, un vago y dulce son.
Pasó ya el tiempo de la juvenil sonrisa:
¡Dejad al huracán mover mi corazón!”

En estos versos claramente refleja su sensibilidad artística, pero aún no conforme, pretende agudizar esa sensibilidad que le caracteriza y lo reafirma cuando escribe: “! Dejad al huracán mover mi corazón! ¿Acaso su deseo de reivindicación social hacia los artistas se va acrecentando en su obra? Precisamente a este aspecto se refiere el recién fallecido crítico del arte y literatura Don Julián E. González Suárez, en la introducción que hizo a los Cuentos Sociales de Azul:”…en la temática de todos ellos predomina la honda comprensión humana del padecimiento del otro. Rubén Darío vincula su arte con una corriente de solidaridad, ofrecida como percepción intensificada de la dramática existencia del otro”.

Es evidente que la actitud del artista es significativa ante el mundo y la sociedad, puesto que la meta principal de la sociedad es la obtención de riqueza y posición social. En cambio la del poeta es transmitir sentimientos y emociones, quedando en esto de manifiesto, el vínculo indisoluble del sentimiento que tiene acerca de su ubicación entre los hombres (antagonismo poeta-burgués); con el examen de la condición humana; con la conciencia de sí y de los demás; y finalmente conectado con su propia peripecia personal. Todo esto lo encontramos en los Cuentos sociales.

En “La canción del oro”, uno de los cuentos donde Rubén Darío coloca al poeta reducido a su mínima expresión, solidario con los que sufren los improperios de ese mundo egoísta y mezquino de la sociedad burguesa. Contrapone al poeta mendigo con el lujo, las joyas, la buena posición y a los que cubren todos sus antivalores con las riquezas que poseen : “Aquel día un harapiento, por las trazas un mendigo, tal vez un peregrino, quizás un poeta, llegó, bajo la sombra de los altos álamos, a la gran calle de los palacios, donde hay desafíos de soberbia entre el ónix y el pórfido, el ágata y el mármol; en donde las altas columnas, los hermosos frisos, las cúpulas doradas, reciben la caricia pálida del sol moribundo”.

“Cantemos el oro, porque podemos ser unos perdidos, y él nos pone mamparas para cubrir las locuras abyectas de la taberna, y las vergüenzas de las alcobas adúlteras”.
(Darío, Rubén, La canción del oro, Cuentos Sociales)
Nos presenta al poeta con hambre, pero con fuerzas de alzar su voz y denunciar las injusticias sociales: “Aquella especie de poeta sonrió; pero su faz tenía aire dantesco. Sacó de su bolsillo un pan moreno, comió, y dio viento su himno. Nada más cruel que aquel canto tras el mordisco”. (Darío, Rubén, La canción del oro, Cuentos Sociales, Pág. 8 y 9) Y continúa con sus disgregaciones poemáticas, cuestionando todo lo que oro puede hacer, incluyendo la alteración de la realidad:
“Cantemos el oro, rey del mundo, que lleva dicha y luz por donde va”,..
“Cantemos el oro, río caudaloso, fuente de la vida, que hace jóvenes y bellos a los que se bañan en sus corrientes maravillosas, y envejece a aquellos que no gozan de sus raudales”.
“Cantemos el oro, porque podemos ser unos perdidos, y él nos pone mamparas para cubrir las locuras abyectas de la taberna, y las vergüenzas de las alcobas adúlteras”.
“Cantemos el oro, porque tapa las bocas que nos insultan; detiene las manos que nos amenazan, y pone vendas a los pillos que nos sirven”.
“Y finaliza sus disgregaciones compartiendo lo poco que tiene: un trozo de pan y con un sentimiento de desconsuelo porque su lamento no tiene eco”. Darío, Rubén, La canción del oro, Cuentos Sociales, Pág. 9 y 10).

“Y el eco se llevó aquel himno, mezcla de gemido, ditirambo y carcajada; y como ya la noche oscura y fría había entrado, el eco resonaba en las tinieblas.
Pasó una vieja y pidió limosna.
Y aquella especie de harapiento, por las trazas un mendigo, tal vez un peregrino, quizás un poeta, le dio su último mendrugo de pan petrificado, y se marchó por la terrible sombra, rezongando entre dientes”.
También en “La novela de unos tantos”, Darío contrapone el tema de los esplendores de la gloria que proporciona el dinero y el destino trágico del hombre, pues para él, lo único trascendente en el hombre es la belleza, es decir el arte. Expone el rol que considera que debe desempeñar el artista en la sociedad y la importancia de la trascendencia del arte, este finaliza con un consejo para quienes consideran que el dinero lo es todo y no se preocupan por el futuro:
“¡Oh! perdona, pobre diablo, perdona, harapo humano, que te muestre a la luz del sol con tu amargo espanto; pero los que tenemos por ley servir al mundo con nuestro pensamiento, de­bemos escudriñar, buscar el mal y sacar el ejemplo de su escon­dido agujero, con el pico de la pluma. El escritor deleita, pero también señala el daño. Se muestra el azul, la alegría, la primavera llena de rosas, el amor; pero se grita: ¡cuidado! al señalar el borde del abismo.” La novela de unos tantos, Cuentos Sociales, Pág. 20 ). Esta cita nos muestra a un ser humano en toda su dimensión, porque no solamente se preocupa por escribir para demostrar sus habilidades, sino que nos alerta a conducirnos bien y a evitar que cometamos errores, como es el caso del joven al que se refiere el cuento, quien lo tuvo todo en la vida, pero mientras lo tuvo no lo supo valorar, quedando en la miseria. También puede ser que su propósito sea presentar una realidad opuesta a la de él, carente de oportunidades, y quien solamente tenía su pluma como fuente de riqueza, pero abundante en espiritualidad.

En “Las razones de Ashavero”, la autoestima del vate está bien alta, al considerarse un sabio, capaz de percibir a todos los elementos de la naturaleza, don que solamente los artistas pueden desarrollar, pues es innegable el alto desarrollo de los órganos sensoriales, lo que es a veces ventajoso y en otros casos desventajosos, porque no podemos dejar pasar como desapercibidos los problemas de la sociedad, lo que ha ocasionado que muchos caigan en depresión y hasta desistan de la vida, por el camino del suicidio o el confinamiento: “Y como era ese poeta más poeta que el rey Salomón, hablaba y comprendía la lengua de los astros, de las plantas, de los animales y de todos los seres de la naturaleza”. ”. Darío, Rubén, Las razones de Ashevero, Cuentos Sociales, Pág. 51).
Y en “El pájaro Azul”, nos encontramos con un hombre incomprendido, derrotado e incapaz de seguir luchando por sus ideales artísticos, llevándole al suicidio para poder liberar todo ese potencial poético que bullía en su cerebro, desesperado hasta por la incomprensión de su padre. Solamente sus amigos quienes tenían sus mismos ideales le comprendían: “ Los versos eran para nosotros. Nosotros los leíamos y los aplaudíamos. Todos teníamos una alabanza para Garcín. Era un ingenuo que debía brillar. El tiempo vendría. Oh, el pájaro azul volaría muy alto. ¡Bravo! ¡bien! ¡Eh, mozo, más ajenjo!.
En cambio su padre: “Sé tus locuras en París. Mientras permanezcas de ese modo, no tendrás de mí un solo sol. Ven a llevar los libros de mi almacén, y cuando hayas quemado, gandul, tus manuscritos de tonterías, tendrás mi dinero." ”. Darío, Rubén, El pájaro azul, Cuentos Sociales, Pág. 34).
Es un poco confuso e incomprensible si, que el joven Garcín(poeta), haya tomado la decisión de liberar al pájaro azul mediante el suicidio, sobre todo después de la respuesta que le diera a su padre:
“ ¡Sí, seré siempre un gandul,
lo cual aplaudo y celebro,
mientras sea mi cerebro
jaula del pájaro azul!”
Quiero finalizar este trabajo sosteniendo que nuestro poeta era un hombre extremadamente sensible y que en Los cuentos Sociales, no hace más que reflejar la cruda realidad de falta de valoración hacia los artistas y a la desigualdad social en su contexto.

No podemos obviar las penurias que nuestro vate padeció desde su infancia, (sobre todo cuando falleció su padrino el Coronel Félix Ramírez Madregil, quedando solamente con su tía Bernarda), sin oportunidades, las cuales se agudizaron cuando viajó a Chile en donde le toco experimentar un diario vivir lleno de miserias al igual que los demás habitantes de Valparaíso. Recordemos que cuando trabajó en el diario La Nación, como editor, fue despedido por escribir mejor que el Director del Diario y que cuando publicó Azul…, obra que lo ubica en la cúspide, a duras pena le da para alimentarse, pues sabemos que el arte nunca ha sido ben remunerado. Pero lo más lamentable de esto, es que ni los mismos escritores se solidarizaron con él, de forma prioritaria, ya que el mismo Raúl Valera engavetó su primera edición de Azul y es tiempo después que se tomó la molestia de leerlo y hacerle pública su admiración a través de sus Cartas Americanas y por otro lado, como ejemplo podemos citar a José Enrique Rodó, el cual le critica su falta de americanismo en sus obras, sin tomar en cuenta todas las vicisitudes que nuestro poeta había pasado y es así como le responde:

“ Yo soy aquel que ayer no más decía
el verso azul y la canción profana,
en cuya noche un ruiseñor había
que era alondra de luz por la mañana.

El dueño fui de mi jardín de sueño,
lleno de rosas y de cisnes vagos;
el dueño de las tórtolas, el dueño
de góndolas y liras en los lagos;

y muy siglo diez y ocho y muy antiguo
y muy moderno; audaz, cosmopolita;
con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo,
y una sed de ilusiones infinita.

Yo supe de dolor desde mi infancia,
mi juventud.... ¿fue juventud la mía?
Sus rosas aún me dejan su fragancia...
una fragancia de melancolía...

Potro sin freno se lanzó mi instinto,
mi juventud montó potro sin freno;
iba embriagada y con puñal al cinto;
si no cayó, fue porque Dios es bueno.

En mi jardín se vio una estatua bella;
se juzgó mármol y era carne viva;
una alma joven habitaba en ella,
sentimental, sensible, sensitiva.

Y tímida ante el mundo, de manera
que encerrada en silencio no salía,
sino cuando en la dulce primavera
era la hora de la melodía...

Hora de ocaso y de discreto beso;
hora crepuscular y de retiro;
hora de madrigal y de embeleso,
de «te adoro», y de «¡ay!» y de suspiro.

Y entonces era la dulzaina un juego
de misteriosas gamas cristalinas,
un renovar de gotas del Pan griego
y un desgranar de músicas latinas.

Con aire tal y con ardor tan vivo,
que a la estatua nacían de repente
en el muslo viril patas de chivo
y dos cuernos de sátiro en la frente.

Como la Galatea gongorina
me encantó la marquesa verleniana,
y así juntaba a la pasión divina
una sensual hiperestesia humana;

todo ansia, todo ardor, sensación pura
y vigor natural; y sin falsía,
y sin comedia y sin literatura...:
si hay un alma sincera, esa es la mía.

La torre de marfil tentó mi anhelo;
quise encerrarme dentro de mí mismo,
y tuve hambre de espacio y sed de cielo
desde las sombras de mi propio abismo.

Como la esponja que la sal satura
en el jugo del mar, fue el dulce y tierno
corazón mío, henchido de amargura
por el mundo, la carne y el infierno.

Mas, por gracia de Dios, en mi conciencia
el Bien supo elegir la mejor parte;
y si hubo áspera hiel en mi existencia,
melificó toda acritud el Arte.

Mi intelecto libré de pensar bajo,
bañó el agua castalia el alma mía,
peregrinó mi corazón y trajo
de la sagrada selva la armonía.

¡Oh, la selva sagrada! ¡Oh, la profunda
emanación del corazón divino
de la sagrada selva! ¡Oh, la fecunda
fuente cuya virtud vence al destino!

Bosque ideal que lo real complica,
allí el cuerpo arde y vive y Psiquis vuela;
mientras abajo el sátiro fornica,
ebria de azul deslíe Filomela.

Perla de ensueño y música amorosa
en la cúpula en flor del laurel verde,
Hipsipila sutil liba en la rosa,
y la boca del fauno el pezón muerde.

Allí va el dios en celo tras la hembra,
y la caña de Pan se alza del lodo;
la eterna vida sus semillas siembra,
y brota la armonía del gran Todo.

El alma que entra allí debe ir desnuda,
temblando de deseo y fiebre santa,
sobre cardo heridor y espina aguda:
así sueña, así vibra y así canta.

Vida, luz y verdad, tal triple llama
produce la interior llama infinita.
El Arte puro como Cristo exclama:
Ego sum lux et veritas et vita!

Y la vida es misterio, la luz ciega
y la verdad inaccesible asombra;
la adusta perfección jamás se entrega,
y el secreto ideal duerme en la sombra.

Por eso ser sincero es ser potente;
de desnuda que está, brilla la estrella;
el agua dice el alma de la fuente
en la voz de cristal que fluye de ella.

Tal fue mi intento, hacer del alma pura
mía, una estrella, una fuente sonora,
con el horror de la literatura
y loco de crepúsculo y de aurora.

Del crepúsculo azul que da la pauta
que los celestes éxtasis inspira,
bruma y tono menor —¡toda la flauta!,
y Aurora, hija del Sol— ¡toda la lira!

Pasó una piedra que lanzó una honda;
pasó una flecha que aguzó un violento.
La piedra de la honda fue a la onda,
y la flecha del odio fuese al viento.

La virtud está en ser tranquilo y fuerte;
con el fuego interior todo se abrasa;
se triunfa del rencor y de la muerte,
y hacia Belén... ¡la caravana pasa!”

(Darío, Rubén, Cantos de Vida y Esperanza, pág. 5)

Una verdadera autobiografía espiritual, realmente digna de admiración porque en esta sintetiza ese ímpetu que le ayudó a alcanzar la fama enfrentando todas las adversidades.

BIBLIOGRAFÍA

1. Colección Popular de Literatura Nicaragüense, Grupo de autores nicaragüenses, Nuestro Rubén Darío, Ediciones Ministerio de Cultura, 4ta. Edición 1984.
2. Edelberto, Torres , Dramática Vida de Rubén Darío.
3. Colección Popular Dariana, Ministerio de Cultura, 2da. Edición 1983.
4. Cuentos Sociales de Rubén Darío, Introducción y Presentación de Julián E. González , Ediciones Distribuidora Cultural


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